Historia de Agudo

Historia de Agudo (Ciudad Real)
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miércoles, 1 de abril de 2015

Don Pedro Vallina: médico y agitador


El Doctor Pedro Vallina fue un personaje muy conocido e influyente en nuestra zona, en los años 30. Las personas mayores de Agudo aun le recuerdan, o bien, han oído hablar de él. La mayoría de las personas a las que he preguntado, coinciden en afirmar que era un médico excelente, dejando un poco al margen su ideología anarquista. Como anécdota, parece ser que cuando alguno de sus pacientes se despedía con la fórmula “vaya usted con Dios”, se irritaba profundamente.

Pero, ¿quién fue este hombre? , ¿cual fue su influencia ?, ¿estuvo relacionado con los sucesos más críticos de los años 30?,  ¿ cómo llegó a estos pueblos una de las figuras del anarquismo español?.

Don Pedro Vallina nació en Guadalcanal (Sevilla), en 1879. En Sevilla realizó su estudios de medicina, y a continuación se desplazó a Madrid para continuarlos.

Debido a sus intrigas políticas, fue deportado en dos ocasiones a la Siberia Extremeña, donde ejerció su actividad profesional como médico, y de paso, también desplegó una intensa campaña propagandística anarquista.
En sus memoriasi, nos cuenta como fue su paso por estos pueblos , y también nos relata los hechos más importantes que tuvieron lugar. Hechos en los que tuvo un papel relevante, siendo el responsable directo de muchos de ellos, destacan los sucesos de la proclamación de la Segunda República, los incidentes del 34, y sobre todo, los primeros días del estallido de la Guerra Civil.


El contexto histórico es bastante complicado. El último tercio del siglo XIX conoció lo que se llamó el Sexenio Revolucionario, la Primera República, un repunte del Carlismo (para muchos autores, la primera guerra civil española), la Guerra y posterior pérdida de Cuba y Filipinas. En España empieza un crecimiento del sector industrial, concentrado fundamentalmente en Cataluña, frente al mundo agrario del resto de España. El auge del movimiento obrero no es ajeno a estos cambios, y evolucionó de forma distinta en Cataluña, donde había una burguesía, que en Andalucía. El siglo XX no vino a mejorar la situación, y todo se fue complicando más y mas; la semana trágica de Barcelona, el pistolerismo, la aventura colonial en África, el desastre de Anual, la dictadura de Primo de Ribera, .....

España estaba sumida en una profunda crisis económica y social. El abanico de soluciones que se propusieron era muy amplio, desde posturas moderadas a soluciones revolucionarias. Esta espiral de descontentos y diferencias, culminará en la proclamación de la Segunda República y la posterior Guerra Civil.

Orígenes

Desde finales del siglo XIX y primeros años del siglo XX, Pedro Vallina se convirtió en seguidor del conocido líder anarquista, Fermín Salvoechea. Con él, participó en la creación de la Federación de los Trabajadores de la Región Española. Otro hecho importante de esos años, fue la muerte del federalista Pi y Margall, que motivó un acercamiento de los postulados federalistas y anarquistas.

Pedro Vallina inició desde muy joven su carrera de complots y conspiraciones, que le llevarían a sucesivos encarcelamientos y exilios . Una conspiración contra la monarquía, le supuso el exilio a París en 1902, donde contactó con otros anarquistas europeos. Todos eran vigilados muy de cerca por la policía francesa y sabían que se estaba preparando un atentando contra Alfonso XIII. En la madrugada del 1 de junio de 1905, en la calle Rohan, el presidente francés Louvet y Alfonso XIII volvían de la Opera. Su carruaje fue alcanzado por una bomba y ambos consiguieron salir ilesos, aunque algunos miembros de su escolta y transeúntes fueron heridos. Se procesó a los anarquistas, Malato y Caussanel, y a quienes prepararon los explosivos, Vallina y Harvey. Y, aunque había pruebas muy sólidas contra ellos, fueron absueltos.

Sospechosos del atentantado de la calle Rohan, Paris 1902
Un año más tarde, de nuevo la policía francesa avisa de otro atentado anarquista contra Alfonso XIII. El 31 de Mayo de 1906, Alfonso XIII contraía matrimonio con Victoria Eugenia. Cuando el cortejo regresaba de la Iglesia de los Jerónimos a su paso por la calle Mayor, alguien lanzó un ramo de flores. En su interior había una potente bomba que no consiguió su objetivo por muy poco, aunque provocó una matanza. Murieron veinte tres personas, así como un centenar de heridos. Este atentado fue obra del anarquista Mateo Morral.

 Atentado contra Alfonso XIII en Madrid, 31 de Mayo de 1906 - Foto ABC

Ambos atentados fueron un complot propagandístico contra la monarquía española, llevados a cabo por los anarquistas españoles, pero con conocimiento de Lerroux. Éste, estaba a la expectativa de un vacío de poder provocado por el asesinato del monarca y así poder protagonizar un alzamiento revolucionario que le permitiera restaurar la república ii.

Tras su detención por su participación en el primer atentado contra Alfonso XIII en París, es expulsado de Francia, estableciéndose en Londres. Allí, tras el fin de la primera guerra mundial, se acogió a una amnistía general en España.

En 1918, participa junto a otro famoso anarquista, Sánchez Rosa, en lo que se conoció como la rebelión de los inquilinos en Sevilla. Los precios de los alquileres se habían incrementado bastante y como consecuencia de los impagos se estaban produciendo desahucios. Crearon la Liga de los Inquilinos, donde pedían la rebaja de los alquileres, la supresión de la figura del casero y una serie de reformas. Parece ser que este movimiento tuvo bastante éxito, y las autoridades decidieron deportar a la Siberia Extremeña, al profesor Sánchez Rosa a Herrera del Duque y al Doctor Vallina a la Puebla de Alcocer. También estaría en Fuenlabrada de los Montes y en Peñalsordo.

Poco tiempo después regresa a Sevilla, y entre sus muchas actividades, colabora activamente con su amigo Blas Infante, como activista y militante andalucista. En 1931, Pedro Vallina participa en lo que se conoció como el Complot de Tablada, donde entre otros, figuraban Blas Infante, Ramón Franco ( hermano de Francisco Franco), el piloto Pablo Rada (ambos del vuelo del Plus Ultra), el aviador Antonio Rexach y otros militares de la Base Área de Tablada. Eran candidatos del Partido Republicano Revolucionario a las elecciones constituyentes de 1931. El plan parece ser que consistiría en bombardear los cuartes que no se unieran al movimiento revolucionario. No llegó a producirse, porque la noche anterior, Ramón Franco y Juan Galán sufrieron un accidente, fracturándose las piernas. El plan se abortó, Sanjurjo detuvo a los militares y Vallina vuelve a ser deportado a la Siberia Extremeña.


El pueblo más importante de aquella comarca era Siruela donde, por lo general, residía a temporadas, y de donde irradiaba mi propaganda a una extensa zona que comenzaba en Cabeza del Buey y acababa en los límites de las provincias de Cáceres y Toledo, y que penetraba como una cuña en la provincia de Ciudad Real hasta las minas de Almadén”.

1931. Proclamación de la República

Corría el año de 1931 y Pedro Vallina establecerá su residencia en Almadén, “pueblo eminentemente de izquierdas, donde gozaba de la mayor simpatía y estaba, hasta cierto punto, al resguardo de las persecuciones.” 

Nos relata como fue la proclamación de la República el 14 de Abril en Almadén. Gracias a un teléfono, estaba en contacto permanente con sus amigos de Madrid y conocía bien la situación. Reunió en su casa un grupo de republicanos y les dijo:

“ Hoy es la fecha señalada para el movimiento, y en seguida que acabe la consulta voy a sublevar la ciudad, proclamar la República y dar comienzo a una revolución social con todas sus consecuencias”. Poco después, al grito de ! Muera la monarquía !, ! Viva la revolución social!,  se apoderaron del Ayuntamiento y proclamaron la República. “Luego recomendé al pueblo que se armara como un solo hombre, porque había que cavar hondo, y nos esperaban largos días de lucha. Y en efecto, se tomaron por asalto dos armerías que había y se requisaron armas de los particulares.” … “Pronto se organizó una columna de hombres armados que me seguirían para sublevar a los trabajadores de Extremadura, que iban a ser auxiliares preciosos en la revolución que comenzaba”.

Esta columna armada se dirigió a Almadenejos y repitieron la misma escena.  Cambiaron a los representantes municipales y volvieron a Almadén, donde se encontraron un “comunicado del capitán de la guardia civil destacado en Agudo, pueblo extremadamente beato y reaccionario,.., que me pedía ayuda militar por encontrarse en una situación muy comprometida con las fuerzas que mandaba.”

Aquella noche del 14 de abril de 1931, una pequeña columna de hombres, unos en camionetas, otros en autos, algunos a caballo y no pocos a pie, marchaban por la tortuosa carretera de tercer orden que parte de Almadén y penetra en la provincia de Badajoz, a través de un terreno agreste y quebrado.

Todos iba armados con escopetas, pistolas, sables, hachas, cuchillos y cartuchos de dinamita, de los que se utilizaban en la mina. …. Al llegar a Agudo “nos dividimos en tres grupos, dos que bordearon el camino, entre la maleza, y uno que siguió la carretera, en el que yo iba, pero todos armas al brazo y alerta. A poco trecho divisamos, a la entrada del pueblo, un pelotón de guardias civiles que bajaron las armas y me hicieron señas para que me acercara, contestando a un viva la revolución que yo lanzara. Un sargento y un guardia civil destacaron del pelotón y me acompañaron al Ayuntamiento, del cual había tomado posesión el capitán de la guardia civil que me pedía auxilio, y que ya me era conocido como hombre de ideas liberales.!

Agudo

Agudo es el nombre de un pueblo de la provincia de Ciudad Real, colindante con la de Badajoz, que me era muy conocido porque me llamaban allí con frecuencia para visitar a enfermos graves. El médico de la localidad, doctor Manuel Vélez, era un anciano de cerca de 80 años que daba poco rendimiento. Como había sido buena persona, al final de su vida era muy pobre y tenía que trabajar para mantener a su esposa e hijas solteras. Pero cada enfermo le parecía un toro de Miura, cansado de tantos años de profesión."Don Manuel -le decía una vieja-, me encuentro muy floja". "Lávate con almidón y luego te pones al sol, verás como te entiesas". "Don Manuel, me duele la cabeza". "Más me duele a mí y me aguanto", contestaba, alteranda el paso al oír a los importunos. ¡Pobre viejo!, ya sordo y cegato por el peso de los años. Las mujeres del pueblo reían de sus ocurrencias y lo miraban con cariño.

No sé por qué capricho tenía el mejor caballo del pueblo, que nunca montaba, pero que me lo prestaba en mis viajes, y el indómito animal me ponía en los mayores apuros con sus saltos y carreras. Un día recibí una cartita de Don Manuel en la que me decía: "Cuénteme usted en las filas del ideal libertario, cuya luz ha iluminado las negruras de mis últimos años". Y en los que pudo me ayudó en aquellas contiendas.

Agudo era un pueblo muy antiguo de unos 5.000 habitantes, situado en un lugar muy pintoresco, en el que había una hermosa iglesia mayor y varios templos y ermitas, que visité en más de una ocasión en busca de objetos artísticos, que no escaseaban, como cuadros, retablos y bordados. Pero lo que más llamaba mi atención eran las grandes ventanas de las casas señoriales, cuyas rejas de hierros, labradas caprichosamente, eran testimonio de una raza ciclópea de herreros. Era un pueblo extremadamente reaccionario y beato, y abundaban las cofradías religiosas, los curas, las monjas y los seminaristas. Los pobres campesinos estaban sometidos gustosos a los sacerdotes y caciques, haciendo una vida miserable, sin otro consuelo que el vino manchego, que abundaba como el agua. A pesar de mis ideas, conocidas por todos, se me quería mucho en aquel pueblo, y hasta hubo un beato ricachón que me dejó en su testamento un pequeño tesoro de monedas de oro antiguas, que puse al servicio de nuestra causa.

En la época que me refiero, en vísperas de la proclamación de la República, se iban a celebrar allí unas elecciones parciales, y el pueblo se había dividido en dos bandos capitaneados por caciques locales. El vino corría como el agua y enloquecía los cerebros, temiéndose los sucesos sangrientos que se repetían en todas las elecciones. Por eso el gobernador había concentrado allí numerosas fuerzas de la guardia civil para poner un coto a los desmanes. Pero al barruntar la proclamación de la República, se unieron los dos bandos en uno solo para resistir a un gobierno de herejes.

Cuando me entrevisté con el capitán en el Ayuntamiento me dio la impresión de que se trataba de un hombre calmoso, dispuesto a solucionar el conflicto a poca costa. Como el asunto estaba en sus manos, me ofrecí a ayudarle en todo aquello que no fuera en menoscabo de la revolución. En pocas palabras me puso al corriente de la situación y se mostró impotente para resolverla sin mi ayuda. Por lo pronto me pidió que tuviera una entrevista a solas con los dos caciques, capitanes arañas de aquel pueblo, y que tratara de reducirles a la obediencia. "  

Los dos caciques a los que se refiere despectivamente Vallina, son Aliseda y Juan Blázquez, como secretario del Ayuntamiento. 


Qué le parece a usted que hagamos? -me preguntó el capitán perplejo al contarle el resultado de las entrevistas.

-La cosa es muy sencilla -le contesté-: fusilaremos en el acto al secretario, tomaremos los lugares estratégicos y yo hablaré a este rebaño de esclavos para que se subleven.
-No quisiera que se derramase sangre, como no fuera en el último extremo me contestó-, además de que somos pocos y ellos son muchos, borrachos y con armas.
Pero le ruego que no me deje solo y que a su vuelta de Extremadura se pase por aquí con las fuerzas de que dispone.
Me despedí del capitán y le prometí volver al día siguiente.

En efecto, a mi vuelta de Extremadura, llegué una mañana a Agudo con numerosas fuerzas populares, dispuesto a imponerme por la violencia. Pero el capitán había ideado una táctica que dio resultado por el momento. Para ello convocó a una reunión pública, a la que acudió todo el pueblo. El mitin tuvo lugar en la plaza principal, y yo hablé a la multitud desde uno de los balcones del Ayuntamiento.

En el recinto de la plaza quedaron todos encerrados y las bocacalles fueron ocupadas por los guardias civiles y los hombres que me seguían, con la orden de hacer fuego si éramos agredidos. No fue necesario. Mis voces atronaron el espacio y el fuego de mi alma se comunicó a la de aquellos campesinos sometidos, que acabaron por arrojar sus cadenas, volver las espaldas a sus antiguos señores y caciques y contestar con entusiasmo a mi grito de "¡Viva la revolución social!" Se constituyó en el acto un municipio compuesto por campesinos pobres que se encargaría de hacer cumplir los postulados de la Revolución."
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!! Tremendo !! Iban preparados para cualquier cosa. Ese día podría haber ocurrido una gran desgracia en Agudo. 
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Y continúa diciendo:

"El secretario Blázquez se hizo luego lerrouxista, y otro abogadillo de su grupo, Daza, diputado maurista; y con ese apoyo nos hicieron toda la guerra posible.

Agudo, que era una mancha negra en aquella zona roja, se hizo el pueblo más rojo de todos, aun la clase acomodada, luchando con la mayor bravura.

Como tenía anunciado, más tarde el pueblo juzgó en asamblea al secretario Blásquez, que yo había detenido en Almadén, lo condenó a muerte y lo hizo fusilar. El diputado maurista, que siempre me ladraba como un perrito faldero, huyó con su padre, y ambos encontraron la muerte en un pueblo manchego donde se habían ocultado.

A cada puerco le llega su San Martín, según dice el refrán castellano. "
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Han pasado 79 años de estos asesinatos, y cada vez que leo estas declaraciones del Doctor Vallina,  y el papel que tuvo, se me ponen los pelos de punta. Tiempos difíciles. En 1942 se redactó un informe que recogía los hechos más violentos.


Causa General: personas asesinadas o desaparecidas en Agudo


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El lo  justifica con la siguiente frase:

"Cuando el viento de la época es favorable al progreso humano, basta soplar con acierto sobre los pueblos vetustos para que de sus ruinas brote la luz del ideal libertario."

Municipios revolucionarios

" Salvado el escollo de Agudo, la sublevación se propagó con la rapidez del rayo por todos los pueblos del extremo norte de la provincia de Badajoz, y en el resto ocurrió lo mismo, aunque con otros caracteres, bajo la influencia de los socialistas. Antes y después de la República llamé la atención a los hombres de la C.N.T., y entre otros a Arín, de la necesidad de llevar nuestra propaganda a la región extremeña ya la provincia de Ciudad Real, pero muy ocupados en otros lugares, no atendieron mi llamamiento.
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Asegurada la revolución en aquella zona y dominados los caciques de Agudo, volví a Almadén a toda prisa, a fin de informarme de lo que ocurría en el resto de España.

Al pasar cerca del pueblo de Valdemanco, en la provincia de Ciudad Real, que parecía un nacimiento de día de Reyes, acostado en la falda de una colina, en un anfiteatro de montañas, torcí la marcha y llegué allí, siendo recibido con júbilo por sus habitantes; se constituyó un municipio revolucionario y se proclamó la República.

Como ignoraban cuáles eran los colores de la bandera republicana (y yo también), las mujeres habían sacado a la plaza pública todos los trapos de colores que tenían en sus arcas, sin saber cómo combinarlos. Uno de mis acompañantes, versado en la materia, resolvió tan importante cuestión, ya poco ondeaba una bandera republicana en los balcones del Ayuntamiento.

Almadén 1936. Primeros días de la Guerra Civil

Una vez finalizados los momentos más tensos de la proclamación de la República, resalto su punto de vista sobre lo que ocurrió en los primeros días de la Guerra Civil. El seguía en Almadén.

En la prisión (de Almadén) había como dos mil detenidos, fascistas los unos, sospechosos los otros, y muchos tontos que no eran nada. Como la mayoría de los presos eran de Almadén, excepto una minoría de forasteros, sus familiares se lanzaron a la calle gritando y pidiendo perdón para los suyos, si alguna falta habían cometido, y sobre todo que se le juzgara antes de condenarlos.

Apurados nos vimos entre aquellos que querían destruir la prisión y los que estaban dentro, y quienes trataban de evitarlo, por tratarse de seres queridos. Y miles de brazos se levantaban en alto, dirigiéndose a nosotros, unos con los puños cerrados, y los otros con las manos abiertas, implorando piedad.
Por fin se calmaron los ánimos, y se acordó poner en claro la situación de cada uno de los detenidos, para no ocasionar víctimas inocentes.
En los primeros instantes del movimiento, las autoridades de Almadén detuvieron a centenares de sospechosos, pero luego no se atrevían a ponerlos en libertad, para no despertar las suspicacias del pueblo. Querían que yo les abriera las puertas de la prisión, para cargar con las responsabilidades si se presentaban algunas, pero me negué a prestarme a semejante maniobra. Los que habían mandado detenerlos eran los obligados a reconocer su error y ponerlos en libertad.

Confieso que nunca fui inclinado a las represalias de la retaguardia, aunque siempre respeté la voluntad popular que, por lo general, iba bien encaminada. Pero me esforcé en demostrar que las energías y las intransigencias habían que aplicarse en los frentes de combate y con los enemigos a la vista.

Como el pueblo de Almadén me lo pidiera, con insistencia, saqué de la prisión a los forasteros que había, casi todos de la provincia de Córdoba, y los trasladé personalmente al pueblo de Agudo, sobre los confines de la provincia de Badajoz, donde se formó un campo de concentración muy humano, sin alambradas, y con los detenidos alojados en una vieja iglesia en condiciones de higiene, pero con una vigilancia montada por el pueblo.

Aproveché aquel viaje para hacer un recorrido por el pueblo de Agudo, donde tanta intervención había tenido con anterioridad. Quedé muy satisfecho de la conducta de aquella gente y pude observar que habían atacado duramente los edificios y fetiches religiosos, que tan nefasta influencia habían tenido.

Por cierto que estuve hablando con una señora de las más religiosas del pueblo que me dijo con aire de seriedad: "Ahora comprendo que es mentira todo lo que nos cuentan de los santos, pues han quedado destruidos sus templos y sus altares, y ellos

Ignoro con certitud la suerte que corrieron los detenidos que llevé a Agudo para que se pusiera en claro su actitud y sacarlos de la atmósfera cargada de Almadén. Pero según me dijeron más tarde todas fueron ejecutados por la gente de sus mismos pueblos, pero no por los de Agudo.

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Efectivamente, 34 personas naturales de Santa Eufemia, fueron ejecutadas en la mina La Párraga en Agosto de 1936.

Listado de personas ejecutadas en la Párraga
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Almadén en peligro

"Un día nuestro servicio de información, establecido en El Viso de los Pedroches, en contacto con el enemigo, que tenía su cuartel general en Pozoblanco, nos avisó de que estuviéramos preparados, porque los fascistas concentraban sus fuerzas para atacarnos, obedeciendo a órdenes superiores de apoderarse de la mina de Almadén a toda costa. Ya sabía de antemano lo codiciado que era aquel lugar, y más estando los italianos en las filas de Franco. 1'; en efecto, a poco recibí un ultimátum del Estado mayor fascista, invitándome a entregar intacta la ciudad y la mina. La respuesta fue de tal índole que no volvieron a insistir, y entonces se dispusieron a venir a nuestro encuentro.

Había, pues, que evitar a toda costa que se apoderaran de aquel lugar, y en todo caso destruir la ciudad y la mina con todas sus dependencias, para que no pudieran extraer el mercurio por mucho tiempo. Había dinamita de sobra para recibir con salvas a los fascistas, y en caso de necesidad para destruir los trabajos de la mina, dejando el mercurio sepultado en las entrañas de la tierra, para que otra generación más decente lo sacara.

Para reforzar las defensas de Almadén, hicimos venir centenares de hombres montaraces de la Siberia extremeña, a cuyo lado había luchado mucho tiempo, teniendo la seguridad de que nos seguirían hasta el último extremo, en el caso de que los de Almadén vacilaran en las medidas supremas.

Un anochecer recibimos noticias alarmantes. Una fuerte columna fascista salía de uno de los pueblos de la provincia de Córdoba y se dirigía contra Almadén. En seguida me reuní en el cuartel de la guardia civil con el teniente, el sargento y el cabo, hombres aguerridos en la campaña de Marruecos, y tomamos los últimos acuerdos referentes a la defensa de la ciudad. La mayoría del personal combatiente aguardaría, emboscado en las avanzadas, la llegada de la columna fascista, mientras que los restantes se parapetarían en la entrada de la población, apoyados por la guardia civil, que quedaría en la retaguardia.

La noche estaba más negra que la boca de un lobo, como vulgarmente se dice. A lo largo de la carretera accidentada que llevaba a la provincia de Córdoba, en las laderas de los cerros que la bordeaban, colocamos a los voluntarios, entre ellos a los extremeños, en una longitud de más de media legua. Un hermoso puente de hierro, tendido sobre el río de Almadén, fue minado en sus cimientos, y algunos prácticos quedaron encargados de su voladura, a una señal convenida. Lo mismo se hizo con una alcantarilla situada a unos 200 metros del puente. Al pasar las fuerzas fascistas entre ambos reductos, se los haría volar, y así quedarían cortados y aniquilados hasta el último hombre, pues aquel tramo de tierra se encontraba en una estrecha garganta, en cuyas escarpadas rocas se habían colocado un buen número de dinamiteros, con frascos de metal que contenían una poderosa carga de explosivos."


Puente de hierro de Almadén ( Foto de J.L.Chamero)
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En Agosto de 1936 se fue , aunque sus memorias continúan describiendo sus vivencias. Finalmente se fue exiliado a Méjico, donde murió en 1970.




Fuentes:

iPedro Vallina, Mis memorias. Córdoba, 2000. Centro Andaluz del libro & Libre Pensamiento .
iiRosa María Aragües Estragués, Atentados contra Alfonso XIII: Paris 1905 y Madrid 1906. Zaragoza, 2010
-Juan José Sánchez Martinez, los Rojos ocupan Sigüenza. Don Pedro Vallina, SBHAC. De este interesante artículo, he cogido el título porque me ha parecido muy apropiado.
- AHN, Causa General de la Guerra Civil de Agudo

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