Historia de Agudo

https://38gradosnorte.blogspot.com/
contacto: 38gradosnorte@gmail.com

lunes, 16 de junio de 2014

Ir a por agua

Isabel Cabrera me ha enviado este interesante artículo para que lo publique en el Blog. La fotografía a la que se refiere esta historia, es una de las postales de Agudo que mi padre tenía disponibles en nuestra Droguería y Perfumería Siglo XX.
___________

Por Isabel Cabrera

A los agudeños que ya cumplieron los cincuenta les resultarán bien conocidas frases como “ir a por agua” o “ha ido a la fuente” y la mayoría recordara con más o menos nitidez una escena similar a la que se incluye.

La foto se tomó hacia 1970 y, en estos momentos, el pueblo no disponía de más puntos de agua potable que los pilares del Orejudo y Caño, ambos con dos caños cada uno, la fuente del Loro, en la plaza de la Iglesia, con uno y esta fuente, la de la Plaza o de los Cuatro Chorros. El manantial del Nacimiento había tenido desde antiguo una canalización que surtía directamente al Palacio de la Encomienda y debió perderse cuando este edificio se arruinó. Tras la Desamortización, el párroco D. Casto Delgado adquirió el solar, donde se construyó un asilo con el sistema de “peón de villa” –cada vecino debía contribuir obligatoriamente a las obras con aportaciones en trabajo, materiales, medios de transporte, etc.–. En 1891 el cura solicitó y el Ayuntamiento concedió una tubería particular, que mantendría aún después de haber perdido el edificio sus funciones. Acabada la Guerra Civil, el asilo se utilizó como escuela pública gestionada por unas monjas, que disponían de agua corriente a domicilio para satisfacer sus necesidades, incluido el riego de un huerto; unos años después, los herederos del cura se hicieron cargo del edificio y del precioso caño de uso privado, que seguía manteniendo el Ayuntamiento y que no resultaba muy del agrado de la población en los veranos secos, cuando las filas de cántaros esperando turno se hacían interminables. Desconozco si esta prerrogativa continuaba vigente cuando se realizó la imagen pero, en cualquier caso, no puede considerarse un punto de agua disponible para la población.


La escena, que actualmente puede resultar extraña, fue de una cotidianidad absoluta desde que se construyó la fuente, a fines del siglo XIX, hasta que el Ayuntamiento realizó la red de abastecimiento de aguas a domicilio. Con más o menos concurrencia, dependiendo de las condiciones climatológicas y del momento del día, este sería el aspecto que presentarían las fuentes públicas de la localidad durante generaciones. Buena parte de las casas disponían de un pozo individual o compartido con un vecino, que servía para el consumo animal, el riego de alguna hortaliza en las cerquillas, etc., pero el agua utilizada en el consumo humano, y el lavado de ropa y vajilla procedía siempre de las fuentes públicas, porque la de pozo “no lucía” –el jabón de sosa tradicional se corta y no hace espuma–.

Los cántaros, recipientes para el acarreo y almacenaje, no parece que sufrieran muchos cambios. Su forma y tamaño –cántaro, medio cántaro y cantarilla– debieron perfeccionarse en fecha muy temprana a fin acoplarse al sistema de transporte utilizado; uno en la cabeza, sobre la rueda, y el otro en la cadera, apoyado en la almohadilla para que la ropa no se manchase con la humedad de la base. La porosidad del barro mantenía el agua fresca en verano –se han conservado cántaros vidriados en blanco, procedentes de Puente del Arzobispo, y otros vidriados en verde, que se usaron para contener aguardiente, vinagre, etc., aunque no hemos documentado que se utilizaran para el agua–. Mediada la década de los sesenta se introdujeron los primeros “carrillos”, que permitían llevar hasta cinco cántaros de una sola vez –en el ángulo inferior derecho de la imagen– y algo después los de seis cántaros, incrementándose el número ejemplares en torno a la fuente y las posibilidades de rotura. Nunca faltó en la plaza un trozo de cerámica para pintar un patonato.

En la foto no se aprecia, pero en el interior del pilarcillo, debajo de cada caño, había un prisma de granito, horadado en la cara superior, donde se colocaba el cántaro mientras se llenaba, siendo innecesario que alguien lo mantuviera sujeto debajo el chorro. Una desafortunada reforma, realizada en los ochenta, eliminó este elemento tan práctico –dos de ellos estaban hace algún tiempo en el pilar del Caño–, llevándose, de paso, la plataforma de mármol jaspeado y la baranda de forja que rodeaba el conjunto. La plataforma y la baranda que se observan en la actualidad se añadieron en la última reforma, cuando se intentó devolver a la fuente un aspecto más acorde con su función –abastecer de agua–, renunciando a una falsa monumentalidad que nunca necesitó.


Animo a quien que considere que tiene una foto antigua, documento o algún tipo de información interesante para la historia de nuestro pueblo, que me lo mande a 38gradosnorte@gmail.com y se lo publicaré en el Blog.

martes, 10 de junio de 2014

La vida religiosa cotidiana en Agudo desde el siglo XVI


Anteriormente, he publicado varias entradas sobre la Iglesia Parroquial, ermitas, Cofradías, visitas calatravas e inventarios... pero voy a intentar ahondar en la religiosidad popular y su impacto en la vida cotidiana, no sólo a nivel espiritual sino también en el aspecto económico y social. El periodo a estudiar comprende desde principios del siglo XVI hasta finales del siglo XIX. 

Durante estos quinientos años, muchas tradiciones o fórmulas han ido desapareciendo, pero otras han pervivido hasta nuestros días con muy pequeñas variaciones. Antaño, la religión ocupaba un lugar más destacado, estando presente en los de acontecimientos más importantes de una persona: bautismo, confirmación, matrimonio, defunción, padrinos, testigos, fiestas y procesiones, cofradías y hermandades, devoción a las distintas imágenes, ermitas, Humilladero, Hospital ...

Durante la edad media va creciendo el miedo al purgatorio, entendido como paso intermedio del alma para llegar al cielo o al infierno. Las personas temen el tiempo que estarán allí e  intentan hacer buenas obras mientras están vivos o bien se dejan constituidas unas misas por su alma o mandan que se realicen obras piadosas tras su fallecimiento.

A mediados del siglo XVI asistimos a un crecimiento espectacular de la religiosidad popular motivado fundamentalmente por dos acontecimientos. Uno es la celebración del Concilio de Trento (1546-1563) donde la Iglesia se rearma moralmente.

En segundo lugar, porque durante estos años hubo grandes desastres naturales en forma de pestes y hambrunas que asolaron nuestras tierras como la plaga de langosta de 1546-1547 o la crisis de subsistencia de 1567-1568 que obligó al rey a hacer una carta de espera para demorar el pago de deudas de campesinos , artesanos y negociantes durante un año.

Se incrementan las cofradías, procesiones, limosnas y ayudas a los pobres enfermos en los Hospitales,obras de caridad, capellanías, Humilladeros en las entradas de los pueblos, santuarios rurales y cruces en los caminos y picos de las sierras. Este fervor religioso queda plasmado fuertemente en el paisaje.

En este contexto es donde voy a analizar entre otras,  las  capellanías y obras pías que se fundaron en Agudo. Una Capellanía se fundaba sobre unos bienes raíces y se buscaban varios objetivos:

- El fundador establecía un determinado número de misas anuales que se ofrecían por su alma, muchas veces con carácter perpetuo.
- Para asegurar la correcta administración de los bienes que proporcionaban las rentas para los oficios religiosos se nombra a un patrono o un capellán.
- El capellán suele ser un miembro de la familia a lo largo de los tiempos, sustentado por el sueldo que le proporciona la propia Capellanía por su gestión. También suele haber una partida de dinero destinada a los estudios para el sacerdocio de un miembro familiar.
- Es una forma de tipo de mayorazgo para clases sociales privilegiadas pero que no pertenecen a la nobleza, y que hacen que los bienes pertenecientes a una capellanía no se pueden vender de forma separada.
- Es un medio de estatus social que favorece tanto al fundador como a su  linaje.

Así pues, estos intereses se pueden resumir en tres preocupaciones: la transcendencia, el prestigio y el sostenimiento familiar.

Hay que distinguir entre curas y capellanes. Los curas se dedican a las funciones pastorales y sus ingresos se obtienen de los diezmos, primicias, censos, etc. Los capellanes no ejercen actividades pastorales y viven de las rentas de sus capellanías.

Una de las próximas entradas estará dedicada a los Priores de la Orden de Calatrava que eran los rectores de la Iglesia Parroquial, sus curas tenientes, capellanes y otros religiosos de órdenes menores.

Entre capellanías, obras pías, memoriales, patronatos de legos y otros, tengo unas 112 referencias documentadas, siendo la capellanía más antigua del año 1.500.

La mayoría de las capellanías y obras pías fueron  fundadas entre 1540-1580, 1610-1638 y 1656-1680.

Muchas capellanías, al tener un carácter perpetuo y estar bien dotadas económicamente, consiguen llegar muy lejos en el tiempo, como se pueden comprobar en el Catastro de Ensenada en 1752. Otras, al no ser gestionadas convenientemente por su Capellán, Patrón o administrador, se arruinan y desaparecen. Pero las más potentes perduran hasta que las sucesivas desamortizaciones acaban con ellas.

Este es el caso de la capellanía de Juan Camacho de Moya , fundada en torno a 1610. En el Boletín Oficial de Ciudad Real del día 15 de Octubre de 1844 se dice que se pueden disfrutar en libre propiedad los bienes de esta obra pía.



En el BOP del día 6 de Junio de 1849, la capellanía de Andrés García de la Fuente, fundada en 1669.



Es decir, hay capellanías que después de 230 años ( y posiblemente alguna con 300 años) seguían vigentes , diciéndose una media de veinte misas anuales en memoria de su fundador.

Las Capellanías eran de dos tipos: colativas y laicales. Sin entrar de momento en más detalles, decir que asociadas a ellas se encontraban los censos, generalmente de tipo consignativo. Estos censos se imponen con un determinado capital principal sobre una propiedad de la capellanía (una huerta, una viña, una casa ...)  y se define un tipo de interés anual. La persona que adquiere el censo recibe este dinero principal y está obligado a pagar el interés pactado hasta que se redima o se venda a otra persona. La suma de intereses de los diversos censos servirá para pagar los servicios del capellán o administrador, así como los oficios religiosos para los que fue fundada.

Con el tiempo, este tipo de transacciones y préstamos, se convierten en una importante actividad económica, actuando como una pequeña financiera. Con estos préstamos las personas podían emprender nuevas iniciativas y así dinamizar la economía local.

Pero no sólo hay capellanías, también están las obras pías , donaciones, ayudas a huérfanas para casarse, pleitos entre los aspirantes a una limosna o ayuda al estudio, pleitos por conseguir una capellanía, problemas para pagar el interés de los censos....., fiestas religiosas y actos lúdicos como capeas, representaciones de teatro y otras  que también iré mostrando.

Veremos como salen muchos nombres antiguos de lugares, callejas, huertas, colmenares o posadas de colmenas, los molinos, sus propietarios y arrendatarios, reformas que hicieron ... y sobre todo, quienes fueron los fundadores, su oficio, su estatus social y su linaje. En definitiva, intentaré sacar a la luz una parte importante de la historia de nuestro pueblo que se había ido perdiendo y actualmente es muy poco conocida.



Fuentes:

- BOP de Ciudad Real,26 de Octubre de 1844
- BOP de Ciudad Real, 6 de Junio de 1849
-Miguel Fernando Gómez Vozmediano, El triunfo de la religiosidad barroca: cofradías penitenciales en la Mancha de los Austrias. Congreso Nacional de Cofradías Penitenciales y Semana Santa. Diputación de Córdoba, 2012.



viernes, 25 de abril de 2014

Calles de Agudo en 1575

Los libros de las Cofradías del archivo parroquial de Agudo nos proporcionan una valiosa información. Este es el caso del Libro Cancelario de la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario de 1575. Aunque personalmente aun no he podido tener acceso físico a él, si contamos con muchos datos publicados por Juan Francisco Cerrillo Mansilla en su  libro dedicado al Rosario de la Aurora de Agudo. Es una guía imprescindible para conocer esta antiquísima Hermandad y a sus archiconocidísimos Auroros.


En este libro cancelario aparecen  los censos de vecinos de 1610 y 1619, ya publicados en el blog. El listado me lo facilitó Isabel Cabrera y lo completé con los datos que he ido recopilando de otras fuentes.Con la información del Catastro de Ensenada de 1752, hice un estudio comparitivo de las calles del pueblo.

En esta ocasión, incorporo a este estudio, la relación de calles que aparecen en el listado de hermanos que se inscribieron en la Hermandad de Ntra. Sra. del Rosario en 1575. Son las siguientes:

Calles de Agudo en 1575
Calle Larga 56
Calle de los Tejedores 56
Calle de Pedro Martín Luengo 19
Calle Prior 22
Calle de Orgaz 66
Calle de las Ollerías 44
Calle de Santa Catalina 29
El medio Pueblo 55
Calle del Risco 80
Calle de la Carnecería 62
Calle Hospital y Plaza 22

En total suman 489 familias. Llama la atención lo que denominan "el medio pueblo", con un total de 55 familias, desconozco a que corresponde "el medio pueblo".

La calle Larga corresponde a la calle Mayor y en un pleito de 1572, aparece también como calle Real.
Las calles más antiguas que han conservado sus nombres son : Tejedores, Prior, Ollerías, Risco y Hospital.
La calle Carretas se llamaba entonces calle de Santa Catalina, en honor a una de las ermitas más antiguas de Agudo,  la ermita de Santa Catalina (que posiblemente desapareció en el siglo XIX, al igual que la de San Juan).



El callejero de 1575 sería mas o menos casi el mismo que en 1752, posiblemente con más callejas y calles entrecortadas. 





Fuentes:

- Juan Francisco Cerrillo Mansilla, El Rosario de la Aurora de Agudo, Diputación Provincial de Ciudad Real, Imprenta Provincial, 2005.